“Me vacunaron para cuidarme, me vacunaré para cuidarlos” – Una invitación.

Una invitación de Recíproca.

La vacunación es un esfuerzo colectivo que depende en gran medida de la disposición colectiva (y las percepciones sobre esta disposición) para vacunarse. Muchos países, incluido Colombia, enfrentan situaciones en las que porcentajes importantes de sus habitantes señalan reservas a ser vacunados. Abordar esa resistencia es fundamental para el éxito del proceso y los beneficios colectivos de la inmunización. “Me vacunaron para cuidarme, me vacunaré para cuidarlos” señala no solo la importancia de una disposición determinada y mayoritaria a la vacunación, sino que lo enmarca en los precedentes de procesos masivos de vacunación en la población colombiana de los que muchos, además, llevamos testimonios en la piel. De igual manera, sus mensajes buscan señalar a la vacunación como disposición prosocial, es decir, no solo por sus implicaciones para el cuidado personal, sino, sobre todo, por sus implicaciones para el cuidado de los otros. Es en gran medida por ellos y ellas (abuelos, abuelas, madres, padres, hermanos, hermanas, hijos e hijas) que nos vacunamos.

Para sumarte a esta invitación, puedes compartir las piezas y contar en redes y a amigos y familiares por qué, llegado tu turno, te vas a vacunar y en quiénes piensas para cuidar cuando asumes esa disposición.

Para más información sobre el proceso de vacunación, los mensajes para promoverlo y las dudas que puedan surgir sobre sus dinámicas, este enlace reúne información de varias fuentes.

“¡Espere que falta la foto!”.

Una caricatura de Barreto sobre los políticos y las vacunas.

La semana pasada los medios de comunicación y sociales dieron vueltas con las imágenes de los políticos colombianos (la mayoría electos) tomándose fotos, armando eventos y dando discursos con la llegada y la puesta de las primeras vacunas al país. Aunque odioso, esto no es extraño. Hace parte de una vieja tradición no exclusiva, aunque practicada con entusiasmo, por nuestros político de “aparecer en la foto”, de “cortar la cinta”, de “entregar la ayuda”. El protagonismo permite no solo asociarlos a soluciones y exigencias ciudadanas, sino ganar algunos réditos políticos de asuntos que pueden ser populares con las personas. También, hay una lógica y estética de patronazgo asociada; una especie de “gracias a mí pasa esto” que en ocasiones influencia buena parte de las acciones de comunicación pública de los gobiernos colombianos.

Esto no solo pasa con las vacunas. Es viejo y encostrado, una practica política tan común como normalizada por nuestros gobernantes. Si quisiéramos evitarla o reducirla, podríamos empezar por dejar de tener oportunidades de fotos, excusas para cortar cintas. Pero acabar con las inauguraciones, entregas y eventos de presentación también podría tener la desventaja de dejar pasar una oportunidad para sacarle a estas acciones su saldo pedagógico muy potente sobre los asuntos público. El saldo pedagógico es una idea de Antanas Mockus, señala que toda acción de gobierno es susceptible (y debería usarse) para enseñar algo, plantear una conversación o invitar a una reflexión de parte de ciudadanos y gobernantes.

Imaginen entonces una lotería. Juega entre las facturas del predial y el impuesto de industria y comercio en las ciudades. Quienes ganan reciben una invitación para, en representación de los demás contribuyentes, entregarle la obra a la ciudad. Y ocurre con algo de la pompa de antes: orden del día, presentación artística, incluso si algunos de los invitados se anima, una palabras. Y al final, cuando sea momento de la foto, de la cortada de la cinta, de los aplausos apabullantes, es un ciudadano que puso para eso el que aparece ahí. La entrega como acto pedagógico sobre lo público, la contribución impositiva y la acción conjunta del Estado, no como acto electorero de patronazgo. Una dicha.

En el caso de la vacunación también pudo haber ocurrido. Los médicos y el personal de salud como protagonistas (y súmele un par de contribuyentes iniciales y engalanados de bioseguridad). Una representación de lo que logramos todos con nuestros aportes a lo que es común y no una “ejecutoría” de la benevolencia del magnánimo gobernante. Para esto necesitamos más gobernantes preocupados por la agenda pedagógica que es gobernar y menos aplausos para lo de la foto. Lo segundo ocurrió mucho la semana pasada, cuando la opinión pública en su mayoría rechazó o se burló de los actos y fotos de las vacunas. Lo primero parece más lejano y difícil. Pero es necesario.