Artículo: «Coherencia y legitimidad: una propuesta para analizar la confianza empresarial en contextos mineros» en Ópera.

Silva Jaramillo, S. et al. (2022). Coherencia y legitimidad: una propuesta para analizar la confianza empresarial en contextos mineros. opera, 30, pp. 215-229.doi: https://doi.org/10.18601/16578651.n30.12

¿Pueden las personas confiar en las empresas? Y además ¿deben las empresas preocuparse por que las personas confíen en ellas? Las relaciones de confianza entre empresas y personas tienen similitudes, pero también diferencias sustanciales con la confianza entre personas. Dos variables parecen fundamentales, la percepción de coherencia y la posibilidad de reconocer legitimidad en la organización. En particular en la confianza de empresas dedicadas a actividades extractivas como la minería. Este artículo presenta una propuesta que reúne elementos conceptuales y señala mecanismos prácticos para construir un índice de confianza empresarial dirigido a las relaciones entre empresas mineras y públicos concernidos de su actividad y ciudadanos en general, en sus zonas de influencia.

Aquí pueden leerlo completo:

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Artículo «Vivir con otros: Cultura ciudadana, comportamientos y la agenda de promoción de la cultura cívica en América Latina» en Análisis Carolina.

«Vivir juntos puede resultar difícil. La convivencia, esa posibilidad social de gozar de tranquilidad, paz y encuentro en la diferencia, puede depender profundamente del civismo: la cultura política que permite que vivamos con otros. Las agendas de pedagogía pública, educación ciudadana y transformación cultural delimitan las perspectivas de que la convivencia sea posible. América Latina, con su alta desconfianza institucional, su relación conflictiva con las reglas formales y la incidencia de expresiones violentas, supone un reto para estos esfuerzos de construcción de cultura cívica. Este texto revisa algunas aproximaciones conductuales a la promoción de esta cultura. Expone la propuesta principal del enfoque de cultura ciudadana y sus puentes con otras aproximaciones de los estudios del comportamiento y luego adelanta una revisión de algunos casos de estudio centrados en Colombia. Termina con unos comentarios sobre lo que implica tomar decisiones públicas basadas en estas aproximaciones de cambio social conductual».

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Libro «Sembrar cultura, recoger legalidad».

Portada del libro.

¿Podemos reconocer los atributos prosociales de las comunidades mineras como punto de partida en la posibilidad de vincularlos a los procesos de legalidad sobre la economía minera? ¿Qué estrategias, campañas, ejercicios de cambios institucional y empresarial pueden ayudar a que este proceso -por supuesto, complejísimo- pueda seguir establecimiento puentes estables entre la informalidad de la explotación minera y el desarrollo de sus regiones? Este libro aborda estas cuestiones, explora las dinámicas sociales y comunitarias que señalan los límites de las agendas de promoción de legalidad en regiones mineras y a la vez, las oportunidades presentes en el capital social, las normas sociales y los mismos procesos asociados a la minería para consolidar ese proceso. En el proceso, propone mecanismos comportamentales de promoción de la legalidad y contribuye a la comprensión de la relación entre ley y sociabiliad en las regiones definidas por su economía minera.

<object class="wp-block-file__embed" data="https://preguntasycomentarioscom.files.wordpress.com/2021/11/libro.sembrarculturarecogerlegalidad.pdf&quot; type="application/pdf" style="width:100%;height:600px" aria-label="Incrustado de <strong>Libro "Sembrar cultura, recoger legalidad: Comportamiento, vida cotidiana y acción colectiva".Libro «Sembrar cultura, recoger legalidad: Comportamiento, vida cotidiana y acción colectiva».Descarga

Reseña: «Carlo Tognato (ed.), Cultural agents reloaded: the legacy of Antanas Mockus» en Eunomía.

Carlo Tognato trabajó durante casi una década en la construcción de este libro. Reunir los capítulos, trabajar con los autores, adelantar las entrevistas e incluso resolver asuntos financieros y editoriales complejos que el mismo Tognato reconoce en el capítulo introductorio, supuso un esfuerzo sostenido por lograr el resultado final. Cultural Agents Reloaded: The legacy of Antanas Mockus es un compendio de reflexiones sobre la carrera académica y política de Antanas Mockus, un reconocimiento crítico a sus contribuciones a las agendas públicas de cambio social y a las reflexiones sociales sobre el abordaje cultural de los problemas públicos y dilemas colectivos en América Latina.

Esta reseña recoge la estructura del libro, pero también, señala algunas de las ideas que propone, las discusiones que reproduce y la importancia de su existencia y, para cualquier que trabaje en agendas de cambio cultural, de leerlo.

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Artículo «Proyectos valiosos: emociones políticas en la pandemia» en Ciencia Política (UNAL).

Los medios de comunicación han desempeñado un papel muy importante durante la pandemia de COVID-19; no solo han informado al público sobre los diferentes hechos que ocurren en torno a este tema, sino que también han contribuido a recrear ciertas emociones políticas que influyen sobre el comportamiento social de las personas. Para Martha Nussbaum el amor, la aflicción, la compasión y la empatía son emociones útiles para las empresas colectivas, ya que permiten ampliar el círculo de interés de las personas y fomentar la reciprocidad, mientras que emociones como el miedo, la vergüenza, el asco y la envidia, obstaculizan la consecución de estas actividades comunes. Estado y sociedad deben adelantar esfuerzos para promover las primeras y evitar las segundas.

«Proyectos valiosos: Emociones políticas en la pandemia» revisa la manera como tres medios de comunicación colombianos cubrieron la pandemia en sus primeros meses luego de llegar a Colombia. El amor, la compasión y el miedo son prevalentes y aunque cambian en el periodo de tiempo revisado, suponen las emociones más comunes del cubrimiento.

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La doctrina del término medio.

A pesar de los 8.000 kilómetros y el par de siglos que los separaban, Aristóteles y Confucio, pilares de la filosofía en Occidente y Oriente, estaban de acuerdo en un punto fundamental sobre la posibilidad de la virtud: la importancia del punto medio. En “Cómo piensa el mundo”, Julian Baggini señala esta llamativa aunque no necesariamente sorpresiva coincidencia; dos de los más importantes e incluyentes pensadores de la historia (aunque muchos más después de ellos) compartían la idea de la virtud posible como la búsqueda de la mitad entre dos extremos.

Ahora, la virtud es importante no solo como estructura de principios, sino, y sobre todo, porque es también práctica. Así, «tanto en Confucio como en Aristóteles, mediante la reiteración de acciones correctas uno se convierte en una persona virtuosa (…) una vez incorporada la práctica, las buenas acciones se vuelven casi automáticas” (Baggini, 2020, p. 261). En esta idea de la virtud se vuelve fundamental lo que Baggini denomina como «la doctrina del término medio», y de la que decía Aristóteles: “el termino medio como la virtud que se sitúa ‘entre dos vicios, el que depende del exceso y el que depende del defecto’” (2020, p. 263).

Eso también quiere decir que el punto medio no necesariamente es estático, su fondo es la flexibilidad, porque el medio depende del contexto. Una situación y una persona diferente puede exigir que el término medio se incline hacia un lado o hacia otro. Si  esto es importante, la flexibilidad resulta fundamental, porque «el espíritu del término medio es evitar los extremos, y el hecho de aferrarse con excesiva rigidez a cualquier posición, por moderada que sea, es extremista” (Baggini, 2020, p. 265).

Esto va en sintonía con una preocupación fundamental de las filosofías de vida del mundo: el equilibrio, la virtud como evitación del exceso y el exceso como tener o ser mucho o muy poco de algo. Y el camino de la virtud, entonces, señalado por el camino del medio.

Referencia:

Baggini, J. (2020). Cómo piensa el mundo: una historia global de la filosofía. Bogotá: Planeta.

Darse un lujo.

En medio de la profunda crisis que vive el país, el optimismo puede parecer un lujo excesivo; un privilegio de los privilegiados y a pesar de esto, es absolutamente necesario para poder imaginar un futuro en el que las tensiones se relajen y los problemas, ojalá, se enfrenten. Algunos pueden ser exceptivos respecto al optimismo en medio de la convulsión, pero esas justas dudas no deberían disuadirnos a los que guardamos esperanzas de mantenerlas cerca.

Porque imaginar cómo podemos superar una situación problemática es todo menos ocioso o perjudicial. Si nos negamos esa posibilidad, nos podemos estar condenando al estancamiento de lo que no va bien, de lo que empeora y se enreda. Obviamente, el optimismo sin razones se acerca al delirio. Pero el pesimismo por defecto es igualmente torpe. Primero, porque termina siendo una condenada previa, un fracaso anunciado, una expresión del «complejo del fracaso» de Hirschman. Segundo, porque al poner el énfasis en lo que no parece posible resolver, dejamos de imaginar y probar soluciones. Ese pesimismo puede ser popular en medios sociales, pero puede ser profundamente perjudicial a la hora de abordar problemas colectivos.

Ahora ¿en qué basar el optimismo si no en desesperadas esperanzas?

En las personas. En todas, pero también en algunas. En todas porque hay muestras colectivas y espontáneas de la capacidad que tenemos para encontrar soluciones en situaciones complicadísimas (como especie, nación y comunidad política). Esto requiere de buenos canales de discusión e incidencia y exige una movilización potente de parte de los colombianos, pero su dificultad no es imposibilidad. Es un lío, pero ha ocurrido y ocurrirá; somos «revolvedores de problemas», desde nuestros mecanismos evolutivos de cooperación, hasta nuestras construcciones políticas de resolución de conflictos y distribución del poder son, al final, un kit para superar situaciones como esta.

Pero la confianza en que lograremos encontrar soluciones se puede basar también en «algunos». Esto es, todas las personas, grupos y organizaciones que están poniendo sus ideas, acciones y recursos en el objetivo común de superar esto, de encontrar nuevas soluciones, de movilizarlas de cara a que influencien las decisiones públicas y la conversación colectiva. Hay mucho talento, imaginación y esfuerzo entrando en movimiento.

Por estos días, escuchar, conversar y ver en acción a muchas de estas personas produce esperanza y nos recuerda que hay lujos necesarios.

Un compromiso por la reciprocidad lógica.

Una idea importante: la reciprocidad lógica.

¿Cuándo fue la última vez que usted le dio la razón a alguien en una discusión? Es decir, el momento en el que luego de una discusión (sin importar el tono o firmeza de las posiciones) escuchamos los argumentos contrarios, evaluamos su validez y consideramos su posición, y al final, concedimos que algo o mucha de la razón, estaba en nuestra contraparte. Esto no solo es poco común, es difícil, y puede explicarse por algunas razones como las disonancias cognitivas, las lealtades de grupo, la polarización política, entre otros. Pero hay un elemento que en su simpleza en ocasiones es obviado de la revisión sobre porqué nuestras conversaciones pueden parecer cerradas o complejas.

Estanislao Zuleta señalaba en varios lugares, incluido su «Elogio a la dificultad», la importancia para los espacios deliberativos de la presencia de «reciprocidad lógica», esto es, la idea de otorgar a la contraparte de una discusión la confianza sobre la validación de sus motivaciones, la sinceridad de sus intenciones y la convicción en sus argumentos. Es decir, reconocer en el otro a un igual argumental, potencialmente tan convencido como nosotros, tan juicioso y bien intencionado (así esté equivocado o defiendo algo con lo que no estemos de acuerdo) que nosotros mismos.

Así, cuando no reconocemos la reciprocidad lógica, es porque «preferimos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados» (Zuleta, 2020, p. 20). El pedido popular en las discusiones colectivas de «respeto» por la contraparte es insuficiente, aunque sea necesario. Otorgar la reciprocidad lógica plantea la apertura de reconocer que la posición contraria se basa en presupuestos y argumentos de igual calidad que los nuestros, así, al final, estos no sean ciertos o no nos convenzan. Sin ese reconocimiento toda conversación es un fracaso anunciado, un intercambio de monólogos entre paredes.

Todo esto nos ayudaría a reformular un poco la pregunta del inicio, es decir: ¿Cuándo fue la última vez que usted le otorgó reciprocidad lógica a las ideas de alguien en una discusión?

Referencias:

Zuleta, E. (2020). Elogio a la dificultad y otros ensayos. Bogotá: Ariel.

Equivocarse para avanzar.

Es común que tengamos una expectativa de infalibilidad respecto de nuestros líderes. La idea de que no pueden y no deben equivocarse es ante todo una representación medio patriarcal y románticona de la realidad social y política, una expectativa de que no ocupan los lugares y cargos de liderazgos seres humanos, sino personajes infalibles y absolutos. Dueños de respuestas para todas las preguntas y certezas para todas las dudas y confusiones de la vida. Esas personas no existen y por eso resulta tan particular que los errores sean tan duramente castigados en los líderes que los cometen, pero sobre todo, en los que los reconocen.

El valor social de una cultura del error más amplia -la idea de que los aprendizajes sociales y las decisiones públicas mejoran al ponerlos a prueba, validarlos o ajustarlos luego de las equivocaciones- se soporta sobre todo en la posibilidad de encontrar mejores formas de abordar un problema viejo o incluso, de cambiar de rumbo una decisión que pueda estar siendo perjudicial. El cambio es adaptación, pero antes que eso, es humildad. Otra idea extraña para muchos líderes y su justificación tácita de infalibilidad (si uno nunca reconoce errores, al final está sugiriendo que no puede cometerlos).

Reconocer un error y también pedir excusas por haberlo cometido, resulta también fundamental para desescalar una situación de tensión extrema, mientras que permite que quién ocupa ese cargo pueda retomar algo del control de la conversación. Esto último es precisamente lo que auguro al reciente cambio de rumbo en el abordaje que la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, dio para el tratamiento del descontento manifestado por muchos ciudadanos en el Paro Nacional y las protestas que suman más de veinte días en Colombia.

Ahora, lo llamativo de la intervención de la alcaldesa es sintomático de lo extraño que parece ser para nosotros que un líder político acepte equivocarse y anuncie un cambio en las políticas que viene adelantando. Desde algunos lugares esto es visto como debilidad o incluso, como el inaceptable otorgamiento de una victoria a una contraparte o adversario. Aparte de ser una postura problemática para la democracia -por dicotómica y reaccionaria-, esta idea incentiva a los políticos testarudos que nunca aceptan errores o hacen ajustes o a los que hacen ajustes menores, mientras no reconocen que la motivación de esos cambios pudo ser haber caído en cuenta de un error. Enmendar es importante para cualquier ejercicio vital, pero se convierte en fundamental para lograr efectivas transformaciones sociales que aborden problemas colectivos.

La capacidad para cambiar de opinión es probablemente una de las cualidades fundamentales del liderazgo, y la posibilidad de reconocer errores y hacer ajustes es su requisito. Por eso es una lástima que muchos de nuestros líderes la subestimen y que muchos de nosotros, en ocasiones, les hallamos exigido una imposible infalibilidad.