Recomendaciones para comunicar el ahorro de agua y energía.

Los efectos del fenómeno del niño están empezando a exigir acciones e invitaciones en el ahorro de energía y agua. Aquí hay cinco recomendaciones para comunicar, usando algunas pistas comportamentales, con mejores posibilidades de conseguir la cooperación de las personas:

  1. No hay que temer ser obvios, las personas necesitamos en ocasiones absoluta claridad sobre lo que quieren o sería conveniente que hagamos. Durante las primeras semanas de la famosa campaña de ahorro de agua que adelantó Mockus en su primera alcaldía de Bogotá, los primeros mensajes insistían en la necesidad de ahorrar, pero no le decían a las personas cómo hacerlo. La gente quería ayudar, pero lo hizo con comportamientos que aportaban poco o incluso, aumentaban el consumo. La estrategia dio un giro cuando Mockus empezó a aparecer en televisión adelantando él mismo los comportamientos esperados. Reduciendo el margen de interpretación y dejando absolutamente claro a las personas qué debían hacer.
  2. Hay que ser detallados y específicos respecto a los comportamientos que esperamos. No todas las personas saben hacer lo que les pedimos que hagan. Incluso tareas sencillas pueden ser complicadas para algunos y en esa dificultad vive el riesgo de la no adscripción. Los paso a paso o incluso las indicaciones demostrativas ayudan mucho a esto. Hay algunas pistas, como la utilización de coros de canciones como forma de medir el tiempo del lavado de manos que se usó mucho durante la pandemia del Covid-19 son buen ejemplo de este tipo de ayudas.
  3. Hay que escoger cuáles comportamientos ciudadanos son, al tiempo, más factibles y más relevantes para el ahorro y centrar ahí el esfuerzo. Volviendo a la crisis del suministro de agua en Bogotá en los noventa, la experiencia demostró que dejar abierta la posibilidad interpretativa de las personas de los “comportamientos de ahorro” puede llevar a que gasten el esfuerzo en algo que no ayude mucho o incluso sea peor. 
  4. Hay que usar las normas sociales positivas. Comportamientos colectivos como el ahorro de agua o energía requieren de constantes retroalimentaciones de cooperación . En términos básicos, las personas estarán más dispuestas a poner de su parte si ven que otros lo hacen también. Eso implica no solo indicar descriptivamente qué hay que hacer, sino que otros (ojalá muchos) o que cada vez más personas lo están haciendo también.
  5. Hay que enfocarse en el comportamiento esperado, no mostrar los comportamientos indeseados. Y sobre todo, evitar contar que las personas están incumpliendo. Es probable que algunas personas no sigan las indicaciones y peticiones de ahorro, pero poner el énfasis en esas personas puede llevar a generalizar o exagerar su número y disuadir las personas dispuestos a sumarse a los comportamientos porque “nadie más lo esté haciendo”. El mantra: siempre enfocar el mensaje en el comportamiento deseado.

¿Cómo está la cultura ciudadana en Medellín?

Por Santiago Silva Jaramillo

La cultura ciudadana es, en su definición más sencilla, es una manera de comprender las relaciones de convivencia de una sociedad. Define las formas en las que las personas interactúan, valoran a los demás y resuelven problemas de coordinación social. Por eso la lectura de los resultados de la Encuesta de Cultura Ciudadana de Medellín 2023 resulta fundamental para hacernos una buena idea de los retos que enfrenta la ciudad de cara a la convivencia ciudadana.

En este sentido, podríamos definir cuatro agendas urgentes a las que la entrante administración distrital debe ponerle atención y en la que todos los demás agentes sociales podemos ayudar.

La primer agenda tiene que ver con la pérdida de confianza que ha sufrido la ciudad.

La crisis de confianza se siente en la reducción de la confianza interpersonal. Aunque en 2019 el 43% de los medellinenses decían que se “puede confiar en la mayoría de las personas”, este porcentaje se redujo al 32% en 2021 y a 31% en 2023.

La confianza en la Alcaldía estaba en 2023 en un bajón histórico. Solo el 17,7% de las personas confiaban en la entidad, una reducción del ya de por sí bajo porcentaje del 31% en 2021. Es posible que el solo cambio de administración reverse este porcentaje, pero el daño hecho a la confianza institucional es profundo y evidente en preguntas como esta.

Estas desconfianzas se ven alimentadas por las percepciones negativas sobre la honestidad y probidad de otros. Así, el 74,3% de los encuestados cree que más de la mitad de los funcionarios públicos son corruptos y 54,7% cree que más de la mitad de los ciudadanos son corruptos.

Una pregunta clave para conectar respecto a la confianza interpersonal y en general, a la disposición de los ciudadanos a movilizarse por la ciudad, el orgullo que sienten por Medellín, parece que no fue incluida en la encuesta de 2023. Pero entre el 2019 y el 2021 sabemos que hubo una reducción de las personas que se sentían “muy orgullosas” del 52% al 37% y un aumento de los que se sienten “poco orgullosos” del 10% al 16%. En versiones anteriores se evidenció que orgullo y confianza van de la mano, y que en buena medida las personas que se sienten orgullosas de Medellín confían en sus conciudadanos e instituciones; no es un asunto menor.

La segunda agenda son los problemas de convivencia.

Los problemas de vivir juntos afectan en mayor medida a los jóvenes. Algo más de la mitad de los jóvenes encuestados, el 54,7% reportó haber estado involucrado en alguna situación conflictiva el año pasado, es decir, una riña, una discusión con un vecino, un problema de ruido, entre otras.

Tener un vecino que puso música en volumen excesivo fue la situación conflictiva que más vivieron las personas de Medellín en 2023. Aunque dos tercios de estas personas no hicieron nada respecto al asunto. Este es un problema generalizado de la ciudad y al tiempo, uno al que para muchos la única opción ha sido la resignación.

Y esa es la tercera agenda, las reacciones y percepciones ciudadanas frente a situaciones conflictivas.

En general, la reacción más común al presenciar situaciones conflictivas como una riña o a un vecino agrediendo a sus hijos sigue siendo “no hacer nada”. Hay una tarea pendiente de seguir promoviendo la intervención no violenta en situaciones conflictivas, en particular, la mediación vecinal o la denuncia a autoridades.

Similares problemas enfrentamos respecto a las violencias basadas en género y la violencia intrafamiliar. El 39,6% de los encuestados reaccionaría de manera activa y no violenta (por ejemplo, denunciando a las autoridades) si presenciara a un vecino agrediendo a sus hijos. Por otro lado, casi el 9% de los hombres y el 5% de las mujeres están de acuerdo con la afirmación “cuando un hombre agrede a una mujer es porque ella le dio motivos”. Aunque porcentualmente baja, la sola presencia de la respuesta resulta preocupante.

Estas justificaciones se extienden a otras situaciones violentas. Solo el 57,6% de las personas rechazan todas las justificaciones de la violencia interpersonal. Este rechazo es menor en los jóvenes de la ciudad, con el 51,9% de los encuestados entre los 18 y 26 años rechazando toda justificación de la violencia interpersonal. Motivos como defenderse de una ofensa “al honor”, entre otras, siguen siendo reivindicadas por al menos uno de cada diez encuestados.

La cuarta agenda es, ante todo, el reconocimiento de lo que podemos movilizar para abordar muchos de estos problemas. Se dedica a sacar a relucir lo mejor de las personas.

La ciudad cuenta con buenos niveles de disposición a coexistir con la diversidad. Esto se mide principalmente con la pregunta “¿A usted no le gustaría tener como vecino…?” seguido de varias opciones poblacionales y arquetípicas. Se pregunta por personas reinsertadas y desmovilizadas de grupos armados, por personas que consumen droga o alcohol, personas de otro grupo étnico al suyo, de otra religión, y así. El 79,8% de los encuestados no expresó disgusto por ninguno de los vecinos hipotéticos. A los jóvenes les va particularmente bien en las preguntas sobre coexistencia y valoración de la diversidad.

Respecto a hábitos proambientales, hay una diferencia de casi veinte puntos entre el indicador de hábitos proambientales en mujeres respecto a los hombres. Lo mismo con el indicador de gestión de residuos sólidos. Sin embargo, la mayoría de los encuestados expresan una buena disposición y apropiación de hábitos de cuidado medio ambiental.

Y también, todo lo demás. A pesar de las reducciones, la confianza interpersonal en Medellín sigue siendo una de las más altas del país y al menos cinco veces mayor que la que se registra en Colombia; el orgullo por la ciudad sigue siendo altísimo y en general, la disposición de los medellinenses a cooperar por la ciudad y con sus conciudadanos es alentador. Hay que reconocer las contribuciones ciudadanas para mejorar las percepciones colectivas y construir confianza entre las personas, abrir espacios de diálogo y relacionamiento sobre información pública para construir confianza institucional y definir mejores mecanismos de gestión de problemas de convivencia cotidiana para mejorar las reacciones ciudadanas a la violencia.

La cultura ciudadana vive de movilizar estas cosas, poner a andar las expectativas positivas que tenemos los ciudadanos para enfrentar los problemas colectivos. Hay que empezar.

Si quieren consultar la Encuesta de Cultura Ciudadana 2023, la pueden ver acá: https://www.medellin.gov.co/es/wp-content/uploads/2023/12/Encuesta-de-Cultura-Ciudadana-2023.pdf

Capítulo: Sobre la agenda de cultura cívica.

Este texto recoge las ideas sobre la comprensión de la cultura cívica como posible agenda de trabajo académico y social humanista, señala las implicaciones conceptuales de asociarla a la convivencia ciudadana, revisa su pertinencia en esta época de crisis acumuladas pues permite verlas a la luz de las perspectivas que ofrecen los estudios del comportamiento o las normas sociales, y finaliza con algunas discusiones relevantes para el futuro.

Pueden leer todo el capítulo aquí:

Artículo: Una propuesta de criterios de selección de instrumentos para intervenciones en cultura ciudadana, aproximación al problema ético.

Este artículo revisa algunos de los instrumentos utilizados desde el enfoque de cultura ciudadana para el diseño y la implementación de políticas públicas. En particular, propone la consideración de cinco criterios de evaluación para la selección de estos instrumentos como alternativas de solución en las políticas de cultura ciudadana, al asumir las discusiones sobre criterios funcionales y preocupaciones éticas en su utilización. Se enmarca en el esfuerzo colectivo por seguir ampliando la conversación académica sobre el enfoque de cultura ciudadana.

Aquí pueden leer el artículo:

Artículo «Vivir con otros: Cultura ciudadana, comportamientos y la agenda de promoción de la cultura cívica en América Latina» en Análisis Carolina.

«Vivir juntos puede resultar difícil. La convivencia, esa posibilidad social de gozar de tranquilidad, paz y encuentro en la diferencia, puede depender profundamente del civismo: la cultura política que permite que vivamos con otros. Las agendas de pedagogía pública, educación ciudadana y transformación cultural delimitan las perspectivas de que la convivencia sea posible. América Latina, con su alta desconfianza institucional, su relación conflictiva con las reglas formales y la incidencia de expresiones violentas, supone un reto para estos esfuerzos de construcción de cultura cívica. Este texto revisa algunas aproximaciones conductuales a la promoción de esta cultura. Expone la propuesta principal del enfoque de cultura ciudadana y sus puentes con otras aproximaciones de los estudios del comportamiento y luego adelanta una revisión de algunos casos de estudio centrados en Colombia. Termina con unos comentarios sobre lo que implica tomar decisiones públicas basadas en estas aproximaciones de cambio social conductual».

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Reseña: «Carlo Tognato (ed.), Cultural agents reloaded: the legacy of Antanas Mockus» en Eunomía.

Carlo Tognato trabajó durante casi una década en la construcción de este libro. Reunir los capítulos, trabajar con los autores, adelantar las entrevistas e incluso resolver asuntos financieros y editoriales complejos que el mismo Tognato reconoce en el capítulo introductorio, supuso un esfuerzo sostenido por lograr el resultado final. Cultural Agents Reloaded: The legacy of Antanas Mockus es un compendio de reflexiones sobre la carrera académica y política de Antanas Mockus, un reconocimiento crítico a sus contribuciones a las agendas públicas de cambio social y a las reflexiones sociales sobre el abordaje cultural de los problemas públicos y dilemas colectivos en América Latina.

Esta reseña recoge la estructura del libro, pero también, señala algunas de las ideas que propone, las discusiones que reproduce y la importancia de su existencia y, para cualquier que trabaje en agendas de cambio cultural, de leerlo.

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Presentación «Comportamiento, cultura ciudadana y políticas públicas» para el Área Metropolitana de Cúcuta.

El pasado 25 de marzo estuve presentando y conversando sobre las agendas de cultura ciudadana y aprendizajes comportamentales en clave de políticas públicas y esfuerzos institucionales por invitación del Área Metropolitana de Cúcuta. Presenté algunas de las ideas teóricas más generales y la experiencia de Medellín a la hora de desarrollar acciones de cambio cultural desde el enfoque de cultura ciudadana y las acciones públicas de construcción de confianza. Aquí pueden ver la conferencia completa:

Artículo «Políticas públicas locales, un caso de estudio sobre la cultura ciudadana» en Gobernar.

La política pública de cultura ciudadana de Medellín, aprobada en 2019 e implementada desde 2020, es un logro fundamental para la agenda de cambio cultural de la ciudad. En este artículo, publicado junto a Juan Diego González y Andrea Arroyave en la revista Gobernar, revisamos la trayectoria del proceso de formulación de la política, desde los problemas identificados en el diagnóstico, hasta los escenarios de participación y validación utilizados para configurar su estructura. El artículo presenta las apuestas metodológicas y conceptuales de la política pública (como los puentes entre el enfoque de cultura ciudadana y la meta colectiva de la ciudadanía cultural) y las principales apuestas definidas por la política pública. Finalmente, señala lecciones e ideas relevantes para la manera como comprendemos procesos similares y se revisan políticas públicas locales, en particular, las que incluyen elementos de cambio cultural.

Aquí pueden descargar el artículo completo:

Capítulo en «Co-crear la cultura ciudadana: Apuntes conceptuales y taller de ideas».

La portada de la publicación.

Durante los últimos meses de 2020, el Laboratorio de Cultura Ciudadana de Medellín, iniciativa de la Alcaldía de Medellín y la Universidad EAFIT, estuvo trabajando con los equipos de trabajo de la Secretaría de Cultura Ciudadana y otras dependencias de la administración municipal en agendas de trabajo que desde la Política Pública de Cultura Ciudadana y el Plan de Desarrollo Municipal se plantean urgentes. El enfoque de cultura ciudadana, sus puentes con las ciencias del comportamiento y las metodologías de diseño cocreativo de intervenciones, campañas y mensajes, fueron las conexiones para desplegar esta agenda de investigación y práctica.

Uno de los resultados de este trabajo es la publicación «Co-crear la cultura ciudadana: Apuntes conceptuales y taller de ideas», que recolecta las principales conclusiones de los talleres de ideas adelantados por el equipo y algunas reflexiones conceptuales. En una de estas últimas, «Un laboratorio para pensar la cultura ciudadana de Medellín», abordo los retos de implementación -en particular sobre coordinación y priorización de acciones- y las oportunidades que la interdisciplinariedad y el sesgo prosocial pueden señalar para la laboratorio y la ciudad.

Aquí pueden consultar la publicación del Centro de Análisis Político de la Universidad EAFIT al respecto y descargar el texto completo.

Y aquí pueden descargar mi capítulo:

¿Cuál es el secreto de la Cultura Metro?

En 2018 la Cultura Metro cumplió 30 años. El programa/campaña es más viejo que el mismo sistema.

Hay algo casi místico en la Cultura Metro. Al menos, en buena parte de las conversaciones que se refieren al programa de relacionamiento comunitario, comunicación pública y comportamiento de usuarios del sistema del Metro de Medellín hay siempre una aura particular, como un reconocimiento que todos hacemos de un ingrediente secreto que puede explicar su éxito. Hay muchas especulaciones sobre estas explicaciones, desde conocimiento y sabiduría popular, lugares comunes y respuestas simplistas e incluso, algunos abordajes académicos que han intentado dar algo de luces sobre porqué parece funcionar.

Y por su «buen» funcionamiento me refiero a los logros reconocibles en términos de reconocimiento general, conexión entre su existencia y sus efectos, y las visibles ventajas en términos del comportamiento de los usuarios. Lo interesante es que en las explicaciones de su efectividad hay una buena controversia. Esas conversaciones a las que me refería más atrás suelen girar entorno a una pregunta que ha trasnochado a un par de Secretarios de Cultura Ciudadana de Medellín «¿Por qué no hemos sido capaces de ‘sacar’ la Cultura Metro del metro?». De nuevo aquí, las respuestas están en disputa y terminan regresándonos a las primeras preguntas, pues ¿Cómo podremos escalar un programa de un sistema de transporte masivo a toda una ciudad (o al menos otros sistemas) si mantenemos dudas sobre lo que precisamente hace que funcione?

De cara a eso, vale la pena revisar algunas respuestas a estas preguntas, que podrían reunirse en estas cuatro hipótesis apresuradas:

*Antes de avanzar es necesario considerar que algunas personas ponen en duda no solo la efectividad, sino la conveniencia de algunas o todas las formas del programa. Aunque pueden haber críticas justas (como en todo) considero que las ventajas del programa y en particular su efecto casi místico sobre el comportamiento de los usuarios, son suficientemente relevantes y convenientes como para subestimarlos.

H1. La insistencia y el largo plazo: la repetición es valiosa. No solo actúa como recordatorio, sino, como oportunidad de señalar una expectativa de comportamiento. Además, como señalan algunos, supone un pilar fundamental de una concepción algo mecánica de educación. Pero no solo sería insistir en normas y formas, también es el tiempo por el cuál eso ha sucedido. Los promotores de esta explicación señalan siempre el hecho de que el programa y la campaña de Cultura Metro existiera antes que el mismo sistema y que haya sido una constante en la comunicación de la empresa.

H2. La asepsia, el orden y el control: cercano a las ideas de la ya célebre teoría de Ventanas Rotas, esta explicación señala la relevancia para el comportamiento de los usuarios y el aprecio de los ciudadanos, de los pisos trapeados y las basuras recogidas. De igual manera, la disposición a hacer cumplir estas y otras normas con la ayuda de figuras de autoridad y mensajes indicativos de cuidado del espacio. De ahí la importancia de las señales, mensajes y sobre todo, la presencia de miembros de la policía dentro del sistema. La asepsia en este caso también se entiende como contagiosa, es decir, resulta más difícil que una persona dañe un mobiliario o arroje una basura en una plataforma de metro impecable que en una llena de basuras y en mal estado. El esfuerzo sistemático de la empresa por cuidar cada metro cuadrado del sistema y apresurarse a limpiar, arreglar o cambiar cada cosa que se deteriore es testamento de esa política. Evitar otras expresiones dentro del Metro, como las ventas o las presentaciones de artistas buscan el mismo objetivo.

H3. El orgullo, el sentido de pertenencia y un poco de regionalismo: los medellinenses son los colombianos que, de acuerdo a las comparaciones de las Encuestas de Cultura Ciudadana de los últimos diez años, se siente más orgullosa de su ciudad. Ese porcentaje de personas que sienten un fuerte apego e identificación con Medellín pocas veces baja del 88% y ese orgullo bien puede extender a símbolos particulares de la ciudad, en particular, diría esta explicación, al único sistema metro del país. Esa exclusiva no es menor, no solo supone un orgullo como logro común de una ciudad, sino, como comparación a que en otros lugares no se haya podido lograr a pesar de ingentes esfuerzos. Esto pisa las lindes odiosas del regionalismo (otra de las críticas que en ocasiones reciben campañas como las de Cultura Metro), pero parece estar, al menos, en la cabeza de las personas de la ciudad cuando tienen que explicar las razones de su comportamiento en el sistema.

H4. Las normas sociales y las profecías autocumplidas: lo primero es una expectativa normativa, es decir, que las personas sepan lo que es deseable de ellos en un lugar o situación específica. Luego, que ellos evidencien o sepan que muchos más o la mayoría de sus pares, también hacen eso mismo. Finalmente, que en la manera como la gente se relaciona con esa situación, las dos expectativas se vean como algo «normal», como lo que «la gente de aquí hace en esa situación o lugar». Y entonces nace la norma social, el comportamiento colectivo explicado en lo que creemos que otros hacen, esperan que hagamos y valoran positivamente cuando hacemos. En el Metro bien podrían estar en juego normas sociales de comportamiento y una especie de acuerdo colectivo sobre la manera cómo las personas de Medellín hacen las cosas respecto y en el Metro.

Estas hipótesis no son excluyentes entre ellas (o con otras que no estén aquí por descuido o ignorancia mía). Bien puede ser que haya un poco de cada una en la respuesta a la pregunta por el ingrediente secreto y reconociendo que la principal conclusión de esto, a 25 años de funcionamiento del sistema y más de 30 del programa, sigue siendo la necesidad de conocer más y mejor las razones de su éxito.