Ingenieros de lo invisible.

Con meditación, oración y yoga, miembros del ESMAD en Medellín están  aprendiendo el manejo de sus emociones | Minuto30.com
Una imagen de la sesión de Yoga con agentes del ESMAD.

La semana pasada, mientras el país intentaba encontrarle sentido a los abusos policiales que produjeron al menos doce muertos y más de un centenar de heridos durante las protestas nacionales por la muerte del abogado Javier Ordóñez, precisamente, durante un procedimiento de la Policía, la Alcaldía de Medellín presentaba con algo de orgullo un proceso de meditación y regulación de emociones adelantado unos días atrás con miembros del ESMAD (Cuerpo Anti-disturbios).

La publicación fue recibida -cuando menos- con “escepticismo” en las redes sociales. Ahora, más allá de la impertinencia (porque era un mal momento para estar sacando pecho por acciones de gobierno), la dureza de las respuestas de las personas se podrían explicar en dos posiciones principalmente: La primera duda de la efectividad de este tipo de intervenciones y procesos, la segunda lo asocia a “la cultura ciudadana de Mockus”, sugiriendo de manera injusta que era algo que aunque llamativo, sería inútil.

Al respecto, vale la pena señalar que la utilización de aproximaciones poco ortodoxas para tratar asuntos de reforma policial no son tan extraños como parecen, desde el replanteo del trabajo en gestión humana de la fuerza, la utilización de economía del comportamiento en su reclutamiento, usar ejercicios de Mindfulness para mejorar niveles de estrés y hacer uso del arte y la cultura como nuevo lenguaje para la relación con los ciudadanos. Pero (y este es un gran pero), el lío aquí parece ser la vinculación demasiado segura a que una única intervención de este tipo es capaz de resolver los problemas estructurales que enfrenta la Policía.

También es un error común que toda intervención o acción pública que haga uso de simbolismos, educación no formal, arte o en general, algún instrumento inesperado entre las grises y bien conocidas alternativas de intervención del Estado, es una acción de “cultura ciudadana” (Para esto, vale la pena leer el capítulo de Henry Murraín en el libro “Antípodas de la violencia” del BID). En este caso no solo no lo es porque no parece enmarcarse en el objetivo de alinear sistemas regulares, sino porque además sus promotores no lo ven de esta forma.

Así las cosas, lo del ESMAD en Medellín parece ser inconveniente por lo insuficiente, lo anecdótico, lo impertinente, no tanto porque no haga parte de las alternativas posibles, ni porque sea supuestamente “de cultura ciudadana”. Resulta fundamental que reconozcamos no solo la posibilidad de efectividad en estas acciones, sino y sobre todo, de sus limitaciones cuando no están cumpliendo el papel de acompañar ajustes estructurales.

Y es que al final ese es el problema central: Asumir que una acción pedagógica, simbólica o de intensificación en la comunicación de un día es capaz de superar problemas fundamentales del orden social. Porque, pensar que estos ejercicios, por valiosos que puedan ser cuando se hacen bien, son resolverán los profundos problemas asociados a los incentivos, la cultura organizacional y la historia de la Policía Nacional es absolutamente inocente.

Esto no es, ni mucho menos, un reniegue sobre la importancia de la acción cultural para acompañar un proceso tan relevante como la reforma policial en Colombia. Más bien, supone señalar los límites del enfoque cuando no se acompaña de otras acciones y los excesos (por defecto) de asociar cualquier cosa que nos parezca heterodoxa desde el gobierno como una acción de cultura ciudadana.

Conversatorio “‘¿Crisis institucional en Medellín?”.

El pasado 20 de agosto participé en la conversación convocada por el concejal de Medellín Daniel Carvalho para intercambiar impresiones con Laura Gallego y Jorge Melguizo sobre las implicaciones y las características de la situación institucional por la que pasa en este momento la ciudad. La intervención fue en muchos sentidos la ampliación de las ideas expresadas en este texto. Aquí pueden ver la conversación:

Capítulo “Reglas, mesas y confianza: fortaleciendo la apuesta institucional de cultura ciudadana en Medellín”.

Una escena cotidiana en la comuna 13- San Javier en Medellín.

Durante el periodo 2016-2019 el Laboratorio de Cultura Ciudadana de Medellín adelantó investigaciones aplicadas y revisiones sistemáticas de experiencias e intervenciones en programas y acciones de cambio cultural en la ciudad. Su misión era, principalmente, acompañar las reflexiones y aproximaciones académicas de la Secretaría de Cultura Ciudadana y su subsecretaría de Ciudadanía Cultural respecto a herramientas fundamentales para abordar problemas públicos de corte comportamental. El Laboratorio, producto de una alianza entre la Alcaldía Municipal y la Universidad EAFIT produjo en el curso de su trabajo varios textos que recogían sus hallazgos y le proponían a la ciudad agendas relativas a sus preocupaciones.

En 2017 publicó el libro “Imaginarios comunes, sueños colectivos y acciones ciudadanas: Pensando Medellín en clave de cultura ciudadana, derecho a la ciudad e innovación pública”, segundo resultado de la agenda de investigación del Laboratorio, que reunía diferentes reflexiones académicas e institucionales sobre el abordaje del cambio cultural desde las intervenciones del gobierno municipal y sus conexiones con las agendas de transformación social de los territorios de Medellín desde organizaciones y grupos sociales y culturales.

En el capítulo “Reglas, mesas y confianza: fortaleciendo la apuesta institucional de cultura ciudadana en Medellín” reseño las generalidades del libro (a modo de introducción) y reviso algunos retos y oportunidades de la gestión de la cultura ciudadana en Medellín; reflexiones que vendrían muy bien durante los dos siguientes años en el proceso de formulación de la política pública de Cultura Ciudadana de Medellín.

Aquí pueden leer el capítulo:

¿Está en riesgo el “modelo Medellín”?

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Mapa de vías en Medellín y otros municipios del Valle de Aburrá.

En los últimos días docenas de analistas, opinadores, políticos y académicos han señalado en sendas columnas, notas y comentarios la gravedad de la “crisis institucional” por la que pasa Medellín. La decisión del alcalde de la ciudad de dejar a un lado la Junta Directiva de Empresas Públicas de Medellín para que la empresa demandara al consorcio Hidroituango, al igual que hacerlo para pedirle la renuncia al Director de Ruta N (y nombrar su reemplazo), desencadenó la renuncia de ambas juntas y de algunos de sus miembros en otros escenarios de dirección de las entidades públicas de Medellín.

Creo que una manera de analizar esta situación que puede resultar esclarecedora sobre sus consecuencias (y su gravedad) es hacerlo desde una perspectiva “institucionalista”. Es decir, pensar esto de “crisis institucional” en términos de una crisis en las reglas de juego comúnmente acordadas. Más que cualquier otra cosa, cuando analistas y líderes políticos y económicos hablan de “gobierno corporativo” se refieren a un arreglo institucional, esto es: una serie de reglas de comportamiento y decisión que configuraban, entre otras cosas, la forma de coordinación entre el sector público, privado y social en Medellín.

Incumplir una expectativa de comportamiento -una norma-, no es terrible solo porque vaya en contravía de lo que dicta el sistema, sino porque defrauda a los otros involucrados, cuya confianza estaba puesta en que la otra parte cumpliría ese implícito acuerdo de hacer lo esperado. De seguir la norma que todos pensábamos que estaba en uso.

El lío con pasar por encima de esas reglas de juego es que introduce un elemento de desconfianza e impredecibilidad en el juego. Imaginen una partida de parqués en la que, de un momento a otro, un jugador empieza a poner sus propias y nuevas reglas, ahora cada lanzamiento de dados es doble, ahora él saca fichas de la cárcel cuando quiera, ahora este jugador llega al cielo con un único movimiento. Seguramente, frente a este hecho, los otros jugadores protestarán, pero eventualmente, no tendrán otra opción que levantarse de la mesa. El juego habrá terminado.

Así las cosas, las crisis en los arreglos institucionales llevan a la inestabilidad, al incremento de la incertidumbre. Y en una circunstancia como esta es más probable que los jugadores prefieran cuidar sus propios intereses que cooperar. Destruir este arreglo institucional implica que todos los involucrados no saben que esperar del futuro, que los acuerdos previos ya no funcionan.

Ahora ¿cuál es la importancia de este arreglo institucional local que se encuentra en crisis? Pues que ha puesto en riesgo lo que podría denominarse como la “receta Medellín”, el modelo que durante un par de décadas ha supuesto un marco de relaciones entre los actores sociales de la ciudad. Los acuerdos para trabajar de manera conjunta entre el sector público, privado y social de Medellín para enfrentar sus problemas públicos ha sido un ingrediente importantísimo en esta receta. Uno puede tener reservas sobre algunos elementos de nuestra fórmula, pero desconocer sus logros sería injusto y no preocuparse por su ruptura, inocente o malicioso.

Y esto supone también que todos los que nos inquietamos por los rumbos y las decisiones públicas en nuestra ciudad recelemos de las motivaciones y las consecuencias de esta crisis; y que sobre las perspectivas de incertidumbre de los acuerdos que se han hecho trizas, nos movilicemos para cuidar, vigilar y exigir, que todo el camino que hemos recorrido en la ciudad no se desande.

Artículo “Ciencias del comportamiento y gobernanza colaborativa: Experiencias de cultura ciudadana en Medellín, Colombia”.

Portada de la revista “European public & social innovation review”.

La innovación pública busca determinar fronteras y oportunidades de cambio en la forma como el gobierno intenta resolver problemas públicos. La innovación social asume retos similares pero sobre problemas de corte comunitario y de acción colectiva. Un puente entre ambos esfuerzos se centra en las nuevas soluciones que disciplinas asociadas a los estudios del comportamiento puede señalar para lo que son, efectivamente, viejos problemas públicos y colectivos.

Este artículo, escrito junto a Laura Gallego y Jonathan Echeverry, aborda las contribuciones a ambas perspectivas y las ejemplifica en la revisión de dos casos en los que el enfoque de cultura ciudadana sirvió como vehículo para las posibilidades de la transformación comportamental en Medellín. Así, el texto revisa los aprendizajes del programa de gestión del conocimiento “Laboratorio de Cultura Ciudadana” y el programa de construcción de confianza “Medellín está llena de Ciudadanos Como Vos”.

Aquí lo encuentran completo:

Participación en “Concervezatorio” | “Hablemos de derechos, ley seca y cultura ciudadana”.

El pasado 4 de julio estuve conversando con el panel del “Concervezatorio” sobre las implicaciones de las medidas de Ley Seca y toque de queda en Colombia; hablamos sobre limites normativos, defensa de libertades individuales y posibilidades desde la cultura ciudadana.

Capítulo “Un juego de espejos: Normas sociales, influencia social y cultura ciudadana en Medellín”.

Unas semanas atrás compartí por aquí los libros que recogían la experiencia de la estrategia de transformación cultural “Medellín está llena de Ciudadanos Como Vos”; estos fueron parte del esfuerzo divulgativo, pero paralelo a estas publicaciones, el equipo que trabajó en este programa realizó varias publicaciones académicas que recogían el soporte conceptual y los hallazgos disciplinares de lo que “Ciudadanos” venía haciendo. En el 2018, Natalia López, Juan Esteban Garro y Juan Pablo Trujillo, parte del equipo de la estrategia, y yo, publicamos un capítulo en el libro “Cultura Ciudadana: Reflexiones y experiencias de ciudad”, editado por la Universidad EAFIT y el Municipio de Medellín, que buscaba precisamente reunir las ideas sobre normas sociales, ignorancia pluralista, influencia social y cambio culturales que enmarcaban las acciones del programa.

El capítulo aborda el marco teórico de “Ciudadanos”, pero también recoge algunos hallazgos iniciales de su implementación (en el momento de publicación llevaba unos ocho meses) y algunas de las perspectivas de su revisión y replicabilidad. Resulta una lectura relevante para quienes trabajan usando la teoría de las normas sociales y la cultura ciudadana y presenta claridades importantes sobre mecanismos de diseño de intervenciones y acciones públicas en cambio social.

Pueden descargar el capítulo complejo aquí: